Perfiles literarios

Entre libros y letras

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Samuel Castro, un hombre con grandes ambiciones y apetitos.

Cuando se entra al apartamento 302, edificio Santa Juana ubicado en Laureles, una zona residencial de Medellín,  lo primero que se ve es un espacio moderno con esos toques asépticos de hospital, paredes y pisos blancos, sillones de cuero, cuadros minimalistas y estantes, muchos estantes, donde reposan una gran cantidad de revistas, libros, periódicos, manuales de todo tipo; desde un manual de cocina hasta un manual de administración, todos ordenados de una forma en la que el dueño solo lo sabe encontrar.

En una habitación del apartamento es donde ocurre toda la magia, en ella se apiñan películas de cualquier clase, un par de bolígrafos en la mesa, un ipad, un televisor gigante, un computador y un sofá blanco; allí se encuentra sentado un personaje en una de esas sillas que nos hace recordar la que utilizaba Súper Sónico, el personaje de las caricaturas, digitando en el teclado como si fuera Beethoven componiendo la quinta sinfonía, de vez en cuando  se detiene y observa lo que ya ha escrito en el ordenador con unos pequeños ojos cafés, se toca la barba y se pasa las manos regordetas por el pelo, toma un poco de Coca Cola y vuelve a la acción.

Este personaje es un escritor y gourmet, es decir un amante de la buena comida, quizá por ello no tenga la constitución de un sílfide o de las cadavéricas figuras que muchas personas recuerdan como debe ser un escritor, pero, que sí ha llegado a cumplir con nuestros cánones de lo que debe ser un gourmet, un gordito barbado, con una sonrisa parecida a la de Bela Lugosi. Pero no por ser un gordito, tiene un humor apacible, todo lo contrario, como dice su madre Lucero, este escritor es temperamental, y se enoja porque las cosas no se hacen como él dice.  Y es que desde chiquito ha sido así, pues en la escuela se desesperaba fácilmente y siempre le refutaba a la profesora cuando ya sabía el tema.

Samuel Francisco Castro, nació en Medellín el 17 de octubre de 1979.  Ya ha publicado su primer libro “A la velocidad del Byte”, una novela empresarial publicada por la casa editorial de la Universidad Eafit y es que Samuel desde que supo coger un lápiz o en su defecto leer un libro por sí mismo, volvió a la lectura y a la escritura una de sus más profundas pasiones.  Recuerda que a los 7 años  empezó a escribir fábulas y versos, luego siguió con los cuentos y reconoce que aunque no eran una maravilla, siguió escribiendo; en las vacaciones escolares realizó un periódico para el colegio en donde su escritura, repleta de indirectas, fue un escándalo, y tal vez es por esa estructura simple y algunas veces incisiva,  por lo que ha alcanzado un puesto como crítico de Cine de las revistas Arcadia, UNE y en el periódico el Colombiano,  en donde cada sábado aparece una de sus críticas de cine.

Pero su apetito por los libros no cubre ningún prejuicio y atraviesa fronteras, pues según él “A diferencia de muchos, yo sí admiro los escritores comerciales, no creo que hagan gran literatura, pero creo que hay un mérito en que uno logre hacer que un libro lo lean millones de personas; por ejemplo, me encantan las noveles de Grisham, que no tienen ningún tipo de mérito literario, ni su estilo va a cambiar el mundo, pero son grandes tramas muy bien pensadas con un conocimiento que él tenía porque era abogado; otros escritores comerciales son, Stephen King, Patricia Cornwell con sus novelas  históricas y de misterio, Phillip Pullman y Ken Follet”.  Este apetito cultural viene de familia, pues según su madre Lucero Posada,  su abuelo era igual.  En la finca de sus abuelos maternos, Samuel se leyó a los nueve años, la Divina Comedia de Dante Alighieri y si alguien le pregunta, él  responde: “yo en el infierno de Bolombolo leí la Divina Comedia, ese infierno tan horrible” y a pesar de ello siguió leyendo.

La lectura es buena, pero en el caso de Samuel es excesiva, no se controla,   compra tres revistas cada semana, se compra libros, y prueba de ello son los estantes a rebosar de las revisteras y otros estantes en donde cada semana se puede ver una revista nueva o un libro sin destapar y la misma fórmula se aplica para la comida.

En la parte religiosa es otro cuento, se  creía en la antigüedad que entre más una persona era culta más se alejaba de Dios y en este caso la ley se cumple, Samuel dice que él no es ateo y que cree en un sistema de creencias que lo obligan a hacer el bien, cree en un castigo cuando se hace algo malo y es que Samuel desde pequeño vivió mucho tiempo en las iglesias, en especial en una, la del Verbo Divino, en donde organizaba las procesiones, el monumento y era monaguillo, pero ahora como dice su madre “pasa por las iglesias corriendo” y a pesar de no ser muy religioso y no creer en la iglesia católica como institución, piensa que en un futuro lejano volvería a las iglesias a hablarle a alguien, pero que aún no sabe a quién.

Otra de las cosas que disfruta son los perros, pero no los típicos perros pequeños, debido a que su madre Lucero no le gusta y es que desde pequeño ha tenido un hermano de cuatro patas.  Pandi, un pastor ovejero fue su primer perro cuando tenía corta edad, luego le siguieron Tomasa, una mezcla de bóxer y la última, Sofía, una bassent hound  con sobrepeso, mal genio y celosa como una novia a la que él le tiene aún mucho aprecio “era mi perra, yo era quien la sacaba, corría con ella, esa fue la mascota que más quise,  porque compartí unos momentos de la vida en los que podía estar mucho tiempo con ella” y es que cuando se le pregunta por Tomasa o Sofía, quien murió este año, aún se le quiebra la voz y guarda sus imágenes en el ipad como un recuerdo, pero la misma historia triste no se repite con los gatos, a quien parece tenerle cierta aversión, Mono, el gato de su madre, a quien Samuel simplemente le dice “hola gato”.  Su madre Lucero,  recuerda especialmente el día que se murió Sofía: “Samuel, llorando, se arrunchó conmigo en mi cama a hablar de Sofía, cuando de un momento a otro el gato estaba sobre la panza de Samuel y éste se puso tieso…”, tal vez a Samuel no le gusten tanto los gatos, pero éstos parecen no tenerle aversión a él.

En la actualidad este egresado de Comunicación de la Universidad Pontificia Bolivariana, dirige una empresa llamada “Ideas Lúcidas”, tiene pendiente una novela que debido a que quiere abarcar varios proyectos a la vez y que siempre quiere que las cosas le salgan bien, no ha podido terminarla, teniendo que pagar así, una apuesta que hizo con sus compañeros de la universidad, de invitarlos a comer lo que quisieran; este proyecto es una de sus grandes ambiciones y espera no tener que volver a pagar otra vez la misma apuesta.